Lucas Di Pascuale


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Texto escrito para el catálogo:
Samir Lucas, (S/ Título).
Galeria de Arte da Cemig.
Belo Horizonte, MG.
Agosto 2008

http://samirlucas.blogspot.com/


 


Hombre que quería cambiar el mundo

Había un hombre que quería cambiar el mundo y que vivía en una ciudad que evitaba tocar el mar. Una vez, el hombre que quería cambiar el mundo viajó a otra ciudad que en otro país también evitaba tocar el mar.

La ciudad en la que vivía el hombre que quería cambiar el mundo tenía dos escuelas de arte y lo mismo sucedía en la ciudad adonde un día el hombre viajó. Ahí conoció artistas de esa ciudad que no era la suya. Uno de ellos se llamaba Samir Lucas.

El hombre que tuvo oportunidad de conocer a Samir Lucas había estudiado arte en una de las dos escuelas de su ciudad y no fue que él hubiera elegido esta escuela; simplemente sucedió que el hombre que quería cambiar el mundo no sabía que había dos escuelas de arte e ingresó a la misma en la que estudiaba una amiga, que por otra parte era quien lo había convencido para que estudiara arte. Aun antes de conocer a esta amiga que le había convencido de estudiar arte el hombre que quería cambiar el mundo no sabía que había escuelas de arte en la ciudad en la que vivía.

Ya dentro de su escuela de arte, el hombre que quería cambiar el mundo realizó apasionadamente sus primeras pinturas y dibujos y grabados y esculturas, y en medio de ese hacer el hombre se dio cuenta que deseaba contagiarse del hacer de sus compañeros. Y junto a sus compañeros el hombre que quería cambiar el mundo descubrió que había dos tipos de estudiantes de arte en su escuela. Por un lado estaban los pintores y por el otro los que, como él, querían cambiar el mundo. Entonces, sólo cuando el deseo de cambiar el mundo se tomaba vacaciones, el hombre que quería contagiarse de sus compañeros encontraba tiempo para pintar, y lo hacía de nuevo apasiondamente. Seguramente alguien inteligente inventó esas vacaciones, solía pensar el hombre.

Cambiar el mundo tenía reglas muy claras por aquellos días, reglas que con el tiempo al hombre que quería cambiar el mundo le darían pereza recordar. Quizás la reglas son claras porque las ponemos al sol, también solía pensar el hombre. Pero con el tiempo y como era de esperar, el hombre y sus compañeros de quienes deseaba contagiarse, descubrieron que era posible y más llevadero y hasta necesario pintar mientras cambiaban el mundo. Así el hombre y sus compañeros también lograron darse cuenta de que el mundo los cambiaba a ellos. Pero lo verdaderamente importante que descubrieron fue que para hacer buena pintura y cambiar el mundo al mismo tiempo, mientras el mundo los cambiaba a ellos, tenían que aprender a ser ellos mismos.

Y todo esto apareció como pensamiento en el hombre que quería cambiar el mundo mientras miraba cómo Samir Lucas hacía sus pinturas en sentido horizontal. Y el hombre se alegró enormemente al darse cuenta de que su nuevo amigo, quien también vivía en una ciudad que evitaba tocar el mar y tenía dos escuelas de arte, se lo traía a la memoria.

Lucas Di Pascuale

Man who wanted to change the world

There was a man who wanted to change the world and who lived in a city which avoided touching the sea. Once, the man who wanted to change the world travelled to other city which in other country also avoided touching the sea.

The city where the man who wanted to change the world lived had two art schools  and the same happened in the city where one day the man travelled to. There he met local artists of that city which was not his. One of them was called Samir Lucas.

The man who had the opportunity to meet Samir Lucas had studied art in one of the two schools of his city and it was not that he had chosen this school, it was simply that the man who wanted to change the world did not know that there were two art schools and he entered the one where a friend of his was studying, anyway, she was the one who had convinced him to study art. Even before meeting this friend who had convinced him to study art, the man who wanted to change the world did not know that there were art schools in the city where he lived.

Once inside his art school, the man who wanted to change the world did his first paintings and drawings and engravings and sculptures passionately, and among that doing the man realized he wanted to get infected with his classmates’ doing.  And, together with his classmates, the man who wanted to change the world discovered there were two types of students of art in his school. On the one hand, there were the artists and on the other hand, there were the ones who, as him, wanted to change the world. Then, it was only when the wish to change the world went on holidays that the man who wanted to get infected with his classmates’ doing found the time to paint, and he did it again passionately. The man used to think that somebody intelligent had almost certainly invented those holidays.

Changing the world had very clear rules in those days, rules that with the passing of time made the man who wanted to change the world feel lazy to remember them. Maybe the rules are clear because we put them in the sun, the man also used to think. But with the passing of time and as it was expected, the man and his classmates whose doing he wanted to get infected with, discovered that it was possible and more bearable and even necessary to paint while they were changing the world. In this way the man and his classmates could also realize that the world was changing them. But the really important thing they discovered was that in order to do good painting and change the world at the same time, while the world was changing them, they had to learn to be them themselves.   
And all this appeared as thought in the man who wanted to change the world while he was looking at how Samir Lucas did his paintings in a horizontal direction. And the man was really pleased when he realized that his new friend, who also lived in a city which avoided touching the sea and had two art schools, brought back this thought to him.

Lucas Di Pascuale